- Miembros del equipo directivo de la ONGD AyudaFortaleza se desplazan hasta el Hogar Santa Mónica
29-05-2017 Fortaleza, Ceará, Brasil
Del 6 de mayo al 4 de junio desde su sede en Getafe (Madrid) y a partir del 6 de junio desde su sede de Arnedo (La Rioja), el grupo de apoyo al proyecto de los Agustinos Recoletos que lucha contra la violencia, abuso y explotación sexual contra niñas y adolescentes en Fortaleza (Brasil) participará en diversas actividades y conocerá de primera mano la situación del proyecto.
El pasado 6 de mayo, tras más de 24 horas de viaje con escalas en Lisboa y Río de Janeiro, llegaron al Hogar Santa Mónica de los Agustinos Recoletos en Fortaleza (Ceará, Brasil) dos de los miembros del equipo directivo de la ONGD AyudaFortaleza, procedentes de su sede de Getafe (Madrid).

En el aeropuerto de Fortaleza les esperaban el director del proyecto, el agustino recoleto José Alberto Moreno, y la psicóloga del Hogar, Luiza Aparecida Dias, que también tuvo la oportunidad de conocer antes a los miembros de este grupo de apoyo misionero en España.

“La llegada al Hogar Santa Mónica es un batiburrillo de sensaciones, presentaciones y bienvenidas en portugués; y de oír a la vez muchos, muchos nombres, porque allí hay ahora 31 niñas y jóvenes, tres misioneras agustinas recoletas, tres madres sociales, dos más que suplen a las oficiales los fines de semana. Habían preparado nuestra llegada con esmero y cariño”, dicen Manuel Recio y Rosa Cáceres, presidente y vocal adjunta respectivamente de la ONGD nacida en torno a la Parroquia de Nuestra Señora de Buenavista del Sector III de Getafe (Madrid, España).

En el Hogar Santa Mónica las 31 residentes se dividen en casas de acogida según sus edades. Cada una de estas casas tiene como nombre un santo o santa de la Familia Agustino-Recoleta; así, en la casa Nuestra Señora de la Consolación están las niñas de 7 a 12 años; en la casa Hermana Cleusa, las de 12 a 14; en la casa Santa Mónica las de 14 a 17; y en la casa Santa Magdalena de Nagasaki las mayores de 18 años que, pese a no ser ya menores de edad, aún necesitan de un espacio de acogida por motivos graves.

“Las misioneras agustinas recoletas son tres. Las instalaciones se completan con dos despachos de consulta para las psicólogas, dos oficinas de trabajo para las áreas social y administrativa, un despacho para el director, y una gran sala de reuniones y multiuso”.

El domingo, en la misa de las 11 de la mañana en la iglesia del Condominio Espiritual Uirapurú (CEU), el espacio material y espiritual donde el Hogar Santa Mónica comparte su carisma y misión con otro buen número de proyectos sociales y espirituales de diferentes congregaciones y movimientos católicos, los visitantes fueron presentados a toda la comunidad.

“Después de la comida, somos testigos del encuentro de algunas de las niñas con sus familias que vienen a visitarlas. Al presentarnos a varias de las madres, estas nos agradecen que estemos aquí para ayudar a sus hijas a conseguir una vida mejor que la que ellas tienen”.

También en este momento pudieron visitar la biblioteca, las aulas de apoyo y la zona de eventos, donde hay una cocina totalmente equipada, espacio de comedor, equipos de sonido y luces, y todo lo necesario para la organización de eventos y fiestas que sirven para la financiación del Hogar Santa Mónica y además normalizan la vida de las pequeñas atrayendo convivencias sociales y de grupo.

Esta noche las niñas se van a la cama más pronto, pues mañana a las cinco llega la hora de levantarse. A esa hora empieza a amanecer, y en pocos minutos ya hay perfecta claridad: “estamos a unos 200 kilómetros del ecuador y el sol sube y baja muy deprisa”.

El lunes, después de desayunar, las residentes terminan sus tareas de orden y limpieza de la casa; se organizan con un cuadrante semanal con las tareas de cada una. A las siete de la mañana empiezan las clases de apoyo que dura hasta las once, con un pequeño descanso a las nueve para comer alguna fruta y el almuerzo a las once y media.

A mediodía las residentes tienen que estar en la escuela formal. Algunas acuden a la escuela pública y otras catorce han sido becadas por un grupo de empresarios de Fortaleza y acuden a una escuela privada.

Mientras las niñas estaban en clase, los miembros de AyudaFortaleza aprovecharon para visitar a la cónsul de España en Fortaleza: “nos recibió con gran cariño e interesándose por nuestro trabajo a favor del Hogar Santa Mónica. Por nuestra parte agradecimos la ayuda que nos ha prestado en la legalización de documentos para la justificación de los convenios de ayuda entre AyudaFortaleza y el Ayuntamiento de Getafe en 2013 y 2015”.

Por la tarde, los miembros de AyudaFortaleza tienen la oportunidad de visitar in situ la casa familiar de una de las residentes en uno de los barrios del extrarradio de Fortaleza. “El lugar nos recordaba los barrios de los suburbios de Madrid de los años 50 y 60, casas de construcción precaria, sin servicios más elementales, calles apenas urbanizadas, y la imagen de la pobreza reflejada en las caras de la gente”, cuentan.

El miércoles 9 de mayo una de las visitantes, Rosi, se encarga de que todo el mundo coma croquetas de estilo casero: para ello elabora unas 300. También es día de comprobar el difícil mantenimiento diario de las instalaciones: una de las bombas de agua, la que suministra el líquido a la casa Nuestra Señora de la Consolación, tiene problemas y se descubre que es en la toma de corriente. José Luis Villanueva, agustino recoleto, tras dar clases de refuerzo a las niñas de español y matemáticas, hace una revisión profunda y encuentra que es necesario una revisión profesional.

Los miembros de AyudaFortaleza visitan por la tarde el barrio de la Barra do Ceará, donde además de la comunidad religiosa recoleta está el Centro Psicosocial San Agustín. Allí colaboran en la preparación de las bolsas que se entregan a las familias más necesitadas con alimentación de base. Visitan el banco de alimentos, el bazar de ropa y las salas de formación y motivación. También conocieron el trabajo y participaron de algunas actividades sociales y pastorales de las comunidades de base del barrio.

A partir del viernes 12 de mayo, Manolo y Rosi ayudan haciendo el relevo como “padres sociales” en la residencia Santa Mónica, permitiendo así el descanso hasta el martes de la madre social oficial. Para ello reciben instrucciones sobre horarios, obligaciones, medicinas, mantenimiento…

Manolo colabora junto con André, nuevo encargado de mantenimiento, de esto último, porque las pequeñas averías fruto del uso cotidiano de instalaciones se van acumulando: grifos que no cierran o gotean, bombillas fundidas, patas de camas rotas… Los medios disponibles son escasos, pero con imaginación y ganas, se van solucionando casi todos los problemas.

Al ser viernes, por la noche hay sesión de cine mientras se espera a las jóvenes que asisten a la escuela en horario de noche. Mañana el Hogar Santa Mónica inicia sus actividades a las siete de la mañana, un poco más tarde que durante la semana.

El sábado 13 de mayo la sorpresa del día es la visita de Mónica, madre adoptiva de Livia y Sara. Livia fue residente del Hogar Santa Mónica y lleva un año adoptada. Durante la comida Mónica cuenta lo maravilloso y casi milagroso que fue el proceso de adopción de Livia.

Por la noche un gran alboroto con las niñas corriendo de un lado para otro dando gritos, anuncia lo lógico en un Hogar con niñas: las travesuras. Una de ellas, de 10 añitos, llevaba en la mano un enorme sapo que debía de pesar más de medio kilo y apenas podía sujetar en su mano para asustar a cuantos aparecieran.

Todas las demás, incluidas las madres sociales, huían del sapo y de la pequeña gritando, hasta que finalmente lo soltó entre los árboles. El Hogar está en un lugar tranquilo y rodeado de naturaleza y los bichos no entienden de urbanizaciones. No es raro ver unos pequeños monos que habitan en los alrededores, lagartos y hasta alguna iguana.

Levantarse a las siete es el regalo de los domingos. Rosi se dedica a hacer trenzas a las niñas, lo que las hace presumir ante las otras. A las 10:45, se celebra la misa en la iglesia del CEU, con todos los que viven y trabajan en el condominio y fieles llegados de fuera. Siempre un grupo de niñas o niños ayudan como monaguillos; este domingo las cuatro niñas eran del Hogar Santa Mónica, lo que es un honor para ellas y de lo que les gusta presumir.

Uno de los momentos más emotivos de cada eucaristía dominical es cuando R., una de las niñas residentes en el Hogar, se encuentra con su madre J., que también está ingresada en el Condominio CEU en uno de los proyectos dedicados a la recuperación de adicciones. Su abrazo cada domingo es intenso y especial.

El resto del domingo se dedica al descanso, juegos y, por la noche, un poco de televisión.

El trabajo más difícil de la mañana del lunes es levantarse tan temprano después del relajado fin de semana. Así lo cuenta Manolo dentro de su experiencia como padres sociales: “Entre Rosi y yo preparamos el desayuno y las niñas se van repartiendo las tareas que les corresponden: el exterior, la sala, la mesa, el cuarto de la lavandería, los baños y las habitaciones, que en esta casa son tres, el cuarto azul, el cuarto rosa y el cuarto verde”.

Sobre las cinco y media de la tarde ya están casi todas las niñas en el Hogar de vuelta de los colegios, excepto las cinco que van a las clases nocturnas que llegan sobre las nueve y media. A las seis se hace una pequeña oración y a las seis y media es la cena. Luego, hasta las nueve en que se va a la cama, hay un rato de música y de juegos.

La rutina continua durante la estancia de los voluntarios de AyudaFortaleza. El miércoles 16 de mayo son testigos del ingreso de una nueva pequeña residente, de 12 años de edad. Otra nueva actividad, al día siguiente, fue la revisión de ropa que previamente había sido donada para el Hogar; una parte se queda en el propio Hogar para uso de las niñas; y la que no es útil por tamaño o por cualquier otra razón se manda al bazar de la Barra do Ceará, donde servirá a las familias más desfavorecidas.

Pincha aquí para leer íntegro el blog de Rosi y Manolo en Fortaleza.

© HAREN ALDE - En favor de los demás. ONG'D agustino recoleta. General Dávila, 5, bajo D. 28003 - Madrid, España. Teléfono y fax: 915 333 959. NIF: G-31422793. Inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones con el número 115.324. Declarada de Utilidad Pública el 17 de julio de 2000.
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